••Narra Charlotte••
En todo el trayecto hasta llegar a la mansión, Frederick mantuvo mi mano entrelazada con la suya, su pulgar dibujando círculos tranquilizadores en mi piel. Pero la calma era superficial. En mi mente, dos tormentas chocaban: la amenaza contra Ana… Y el recuerdo imborrable de lo que había visto en la habitación de Arturo.
Al estacionar frente a la entrada principal, la figura impecable de Arturo apareció como por arte de magia, abriendo mi puerta con su habitual eficiencia. No