••Narra Charlotte••
No aparentaba haber pasado dos días encerrado entre barrotes. Estaba bien vestido, tenía un aspecto regio y su piel no había perdido hidratación. Sin contar su olor, seguía oliendo a menta y su perfume característico.
Enterré mi nariz en su pecho, entre los botones de su camisa, inhalando como si no hubiera un mañana. No sabía cómo explicarlo, pero había algo en su aroma que me relajaba.
—¿Por qué no avisaste que venías en camino? —dije contra su pecho.
De pronto, sus mano