Sus palabras me parecieron irreales.
Parpadeé varias veces, viendo a mi exesposo y después a aquella mujer, que no parecía sorprendida por la noticia. Al contrario, levantó el mentón y cruzó los brazos, con un gesto altanero en su rostro.
—¿Por qué esa mujer se va a quedar aquí? —gruñí una vez que no recibí respuesta a mi primera pregunta.
—Porque están remodelando su mansión y necesita dónde quedarse —Frederick mantuvo sus ojos en mí en todo momento.
—¿Acaso no existen hoteles? ¿Y el resto