Magnus
El sol pegaba fuerte sobre el andamio, pero a mí no me molestaba. Cargaba sacos de cemento como si fueran almohadas, uno tras otro, mientras los demás humanos sudaban y maldecían. Mi capataz ya me había mirado dos veces con esa mezcla de sorpresa y envidia.
—Eres una bestia, Stone —me dijo riendo. No sabía ni la mitad.
Terminé mi turno y me sacudí el polvo de las manos.
Habían pasado tres semanas desde que encontré trabajo y un mes desde que Emma ya trabaja.
Emma había conseguido trabajo