Emma
Casi corrimos de regreso al motel. Apenas cerramos la puerta, Magnus me levantó como si no pesara nada y me tiró sobre la cama. Se sacó la camiseta con un movimiento brusco y se me quedó mirando desde arriba, el pecho subiendo y bajando rápido.
—Mía —gruñó—. Por fin sin ojos vigilando. Sin riesgo de que nos separen.
Me incorporé y tiré de su cinturón. Sus pantalones cayeron y liberé su erección gruesa y caliente. Lo acaricié despacio, disfrutando del gemido ronco que escapó de su garganta.