Magnus
Desde que el vínculo se completó, todo en mí era distinto.
Creí que marcar a una humana sería como atar una cuerda floja: frágil, inestable, algo que mi lobo rechazaría tarde o temprano. Pero no. Mi lobo se acopló a ella de una manera magistral, como si siempre hubiera sabido que Emma era el molde exacto donde encajaría su ferocidad.
Ahora éramos uno solo, latiendo al mismo ritmo que el corazón de ella. El mío, el suyo, el nuestro. Cada kilómetro que avanzábamos en la carretera nocturna