Emma
Ver a Magnus en el suelo, inmovilizado por el peso y la furia de Dominic, me provocó una náusea física. Me ardía la garganta de las ganas de gritar, de lanzarme sobre el Alfa y arrancarle las manos de encima de mi compañero. Lo que más me dolía no era el ataque de Dominic, sino la pasividad de Magnus. Quería que reaccionara, que sacara los dientes, que dejara de permitir que ese hombre lo humillara en nombre de una jerarquía que Dominic ya había roto al atacarlo por la espalda.
—¡Suficient