99.
MICHAEL
No sé cuánto tiempo pasa.
Podrían haber sido diez minutos o tres horas. En la sala de espera del hospital el tiempo deja de obedecer las reglas normales. Solo existe la espera, esa tensión constante que se instala en el pecho y no se mueve.
Estoy inclinado hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas, mirando el suelo sin verlo realmente. Mi mente repite la misma imagen una y otra vez: la alarma, los médicos rodeando la cama, el monitor gritando.
No escucho pasos.
No escucho c