121.
MICHAEL
La casa está completamente irreconocible desde el momento en que abro los ojos, como si en lugar de dormir hubiera cruzado a otra realidad donde todo se mueve a un ritmo vertiginoso que no me incluye del todo; hay personas entrando y saliendo sin detenerse, voces que se superponen en una especie de sinfonía desordenada, pasos apresurados que resuenan en los pasillos, puertas que no dejan de abrirse y cerrarse, arreglos florales que aparecen en cada rincón como si brotaran de la nada, m