35.
SARA
Mi madre despliega las revistas sobre la mesa del comedor como si el mundo no se hubiese roto hace apenas unos días. Vestidos, flores, salones. Todo huele a normalidad impostada, a futuro forzado.
—Este es bonito —dice, señalando una iglesia de piedra—. Íntimo. Elegante.
Asiento sin mirar realmente. Tengo la taza de café entre las manos desde hace rato y ya está frío, pero no me molesto en beberlo.
—¿Y Michael? —pregunta de pronto, sin levantar la vista—. ¿Accedió al final?
La pregunta me