Michael
Los días se vuelven una secuencia repetida, casi mecánica.
Trabajo. Casa. Hospital.
Hospital. Casa. Trabajo.
Podría hacerlo con los ojos cerrados. De hecho, a veces siento que los llevo así todo el tiempo, avanzando por inercia, como si pensar demasiado fuera peligroso. En la oficina firmo papeles, asisto a reuniones, hablo de cifras y proyectos que ya no me importan. Todos me miran con una mezcla incómoda de respeto y curiosidad, como si mi vida privada se hubiera convertido en un rumo