El momento de los brindis y los regalos llegó con la pompa habitual de las fiestas de mi padre. El jardín estaba iluminado por cientos de luces led que colgaban de los robles, creando una atmósfera de cuento de hadas que se sentía profundamente hipócrita para mí. Cuando llegó mi turno, me acerqué a la mesa principal. Había pasado semanas ahorrando de mis primeros honorarios en el bufete para comprar algo que no fuera solo un objeto, sino una señal de mi independencia.
—Feliz cumpleaños, papá —d