Marcus Thorne no esperó a que amaneciera, el secreto de Ariadna sobre la muerte de la niña era una información demasiado explosiva para guardarla, era su boleto de regreso a la cima, a las once de la noche, condujo hasta un exclusivo club social en el corazón financiero de la ciudad, un lugar discreto donde los acuerdos sucios se cerraban con copas de single malt, marcó el número de su contacto en Global Axis, el socio de Elena Rostova.
La llamada fue concisa y directa, como un cuchillazo.
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