La luz de la mañana en el Instituto Lila era de un blanco quirúrgico que se filtraba a través de los grandes ventanales, iluminando las partículas de polvo que danzaban en el aire, para cualquier persona, era una escena de paz, para Lila, era una serie de variables de refracción lumínica que su cerebro intentaba tabular de forma automática.
Ariadna se sentaba frente a ella cada mañana en la mesa de roble de la cocina, entre ambas, un cuaderno de dibujo y una caja de lápices de colores, Ariadna