El estruendo del colapso estructural resonó en las entrañas de la montaña como el rugido de un gigante herido, no era un ruido seco; era el lamento del metal retorciéndose y el hormigón cediendo bajo las cargas de demolición que Julian Vane había sembrado como su última voluntad. En el centro del Nivel -4, el agua seguía subiendo, ahora mezclada con aceite hidráulico y el brillo iridiscente de los fluidos de refrigeración.
Ariadna apretaba a Lila contra su pecho con una fuerza que mezclaba el a