El "Caronte Terrestre" devoraba los kilómetros de la autopista A-22 como una bestia de obsidiana, dejando atrás el resplandor artificial de la ciudad para internarse en la penumbra de las tierras altas, la lluvia, que antes era una cortina pesada, se había transformado en un aguanieve punzante que golpeaba el blindaje del vehículo con el ritmo de un tambor de guerra, en el interior, la cabina era un santuario de luces LED azules y el zumbido constante de los ventiladores de los servidores, Ariadna, con la mirada perdida en la oscuridad exterior, sentía cómo la velocidad del coche era el único alivio para la presión que amenazaba con estallar en su pecho.
En la parte trasera, Ethan estaba sumergido en un trance digital, su rostro, cada vez más afilado y pálido, estaba iluminado por el flujo constante de datos que interceptaba desde los satélites de Apex, el mensaje de Marcus seguía parpadeando en la esquina superior de la pantalla principal, un recordatorio persistente de que, en el ta