El silencio del Refugio Delta era ahora una entidad física, una presión sorda en los oídos que recordaba a sus ocupantes que estaban enterrados bajo toneladas de hormigón y plomo, con el "Corte de Aire" activo, el mundo exterior había dejado de existir, no había satélites, ni rastreadores de Cerbero, ni susurros de Julian Vane, en el centro de la sala de mando, una única pantalla brillaba con una luz blanca y aséptica, proyectando sobre los rostros cansados de Ariadna y Ethan la sombra de una v