El silencio del Refugio Delta era ahora una entidad física, una presión sorda en los oídos que recordaba a sus ocupantes que estaban enterrados bajo toneladas de hormigón y plomo, con el "Corte de Aire" activo, el mundo exterior había dejado de existir, no había satélites, ni rastreadores de Cerbero, ni susurros de Julian Vane, en el centro de la sala de mando, una única pantalla brillaba con una luz blanca y aséptica, proyectando sobre los rostros cansados de Ariadna y Ethan la sombra de una vida que parecía pertenecer a otra era.
Ariadna sostenía el disco duro con los dedos blanquecinos por la tensión, dentro de ese pequeño bloque de aluminio y silicio residía el archivo Lila_Bday_03.mp4. Era más que un recuerdo, era la caja negra de su propia destrucción y, según Ethan, la única llave capaz de desmantelar el imperio de sombras que Vane estaba terminando de construir.
—¿Estás lista? —preguntó Ethan desde su asiento ergonómico, conectado a la consola por una serie de cables de monito