El silencio en el Refugio Delta se rompió no con un estruendo, sino con un pitido persistente y gélido, Ariadna se giró hacia la consola principal, donde el mapa del Sector Gris parpadeaba en un carmesí violento, no era un ataque masivo de mercenarios ni una explosión en la superficie; era algo mucho más insidioso. Julian Vane estaba enviando sus "sondas fantasma", pequeños algoritmos de búsqueda y destrucción que rastreaban las fluctuaciones eléctricas en la red subterránea.
—Han encontrado el rastro del sistema de enfriamiento —dijo Ariadna, sus dedos volando sobre el teclado holográfico—. Están intentando sobrecargar los condensadores de nitrógeno para obligarnos a abrir las escotillas de ventilación.
Ethan, apoyado contra el respaldo de su cama médica, observaba las líneas de código con una concentración febril, su rostro, iluminado por el resplandor azul de las pantallas, parecía el de un espectro antiguo recuperando su poder, a pesar de su debilidad física, su mente estaba empez