El metal de la puerta de la habitación 402 goteaba como cera fundida, emitiendo un fulgor naranja que iluminaba el rostro sudoroso de Ariadna, al otro lado, el zumbido del taladro térmico de Kaelen Vance se detuvo, reemplazado por un silencio mucho más aterrador, Ariadna miró a Ethan; sus ojos estaban fijos en ella, comunicando una urgencia muda, ella sabía que en el momento en que esa puerta cayera, la muerte entraría con la forma de un hombre.
—Aguanta, Ethan —susurró ella, y su dedo presionó el icono carmesí en la pantalla táctil: EJECUTAR PROTOCOLO HALÓN-9.
Un siseo ensordecedor llenó la habitación, de las rejillas del techo no salió humo, sino un gas incoloro y pesado que desplazó el oxígeno en cuestión de segundos, al mismo tiempo, la puerta saltó de sus bisagras con una patada brutal, Kaelen Vance entró en la habitación como una sombra proyectada por el infierno, portando una máscara de gas de perfil bajo y sus ojos gélidos brillando tras el visor de policarbonato.
Kaelen no es