La lluvia caía sobre sus hombros como agujas de cristal líquido, calando hasta los huesos mientras Ariadna observaba la silueta del hospital San Judas, el edificio se alzaba como un coloso herido bajo el cielo eléctrico de una ciudad que se desmoronaba por el pulso de Cerbero, la multitud gritaba y golpeaba las vallas de seguridad en la entrada principal, exigiendo respuestas que nadie podía dar, mientras las luces de emergencia del hospital parpadeaban en un código morse de desesperación.
Pero Ariadna no se dirigió hacia el caos de la fachada, ella conocía los secretos de la arquitectura del poder y sabía que la verdadera debilidad de un edificio no está en sus puertas principales, sino en sus arterias de servicio, caminó pegada a los muros de hormigón, sintiendo el peso del martillo de emergencia en su mano derecha, era una herramienta de acero y fibra de vidrio que se sentía más honesta que cualquier arma de fuego en ese momento de anarquía, su corazón latía con una cadencia de gue