El aire en la ciudad cambió de un plumazo, la calma artificial que el Protocolo Caronte había impuesto con su silencio digital fue desgarrada por una cacofonía de sirenas y estallidos eléctricos, porque si Caronte era el barquero que ocultaba las almas en la niebla, Cerbero era el sabueso de tres cabezas diseñado por Julian Vane para morder la yugular de la infraestructura misma, era un sistema híbrido que no se basaba únicamente en códigos modernos, sino en interruptores analógicos y frecuenci