La sala estaba repleta de globos blancos y dorados, luces cálidas y una mesa larga llena de bocadillos y botellas de champaña esperando a ser descorchadas. Desde temprano habían comenzado a llegar los amigos y colegas de Leonard, los compañeros de Jean de la farándula, y por supuesto, las amigas inseparables de Zendaya junto con su tía, que no tardó en abrirse paso con un ramo de flores gigantesco.
—¡Ay, pero mírame esos angelitos! —dijo la tía, lanzando un suspiro dramático mientras extendía l