Jean soltó una risita grave y la besó en los labios, lento, profundo, acariciándole la mejilla con ternura. Al separarse, sus ojos azules la miraban brillantes de deseo.
—¿Cuál beso te gustó más ayer? —preguntó con una sonrisa traviesa, ladeando la cabeza.
Leonard se incorporó un poco, sus orejas se movieron y sus ojos dorados la observaron con expectativa.
—Sí, dime… ¿quién besa mejor, luna? —preguntó con fingido tono herido, sacando el labio inferior en un puchero adorable que no concordaba c