99. Voy por ti, pajarito
Dante
—¿Y se lo permitiste? —le siseo en la cara, apretando su tráquea—. ¿Permitiste que se entregara? ¡TE DI UNA MALDITA ORDEN! ¡TU ÚNICA FUNCIÓN EN ESTA PUTA VIDA ERA MANTENERLA A SALVO!
Matteo empieza a ponerse azul, forcejeando débilmente por aire. Sus ojos no muestran miedo, solo una resignación dolorosa.
—Dante, ¡suéltalo! —Alexei me agarra del brazo, tirando de mí—. Si lo matas ahora no va a poder explicarte nada. ¡Suéltalo, joder!
Lanzo a Matteo contra el suelo con un gruñido de animal