98. ¿Se lo permitiste?
Dante
El silencio en la planta alta de la mansión es una mentira punzante. Entro en mi habitación como un vendaval, con el arma en la mano y el cañón barriendo cada rincón muerto, pero lo único que encuentro es el eco de mi propia desesperación. La cama está desordenada, las sábanas negras guardan todavía la forma de nuestros cuerpos, pero el vacío es absoluto. Isabel no está.
Salgo de la habitación convertido en una pura furia ciega. Mis botas golpean el mármol con una fuerza que pretende queb