Isabel
La oscuridad bajo este saco es una tumba de tela áspera. Huele a polvo, a sudor viejo y a una humedad que me asfixia con cada bocanada de aire que intento robar. El mundo se ha reducido a los baches violentos de la carretera y al sonido del motor de la van, un rugido constante que parece burlarse de mi situación. Tengo las manos atadas a la espalda y las bridas de plástico me muerden las muñecas con tanta fuerza que mis dedos han empezado a sentirse fríos y ajenos.
Cada vez que el vehícu