200. Malcriado
Dante
El dolor en las palabras de Samuel me golpea con la fuerza de un camión. Me siento jodidamente mal por dentro.
Ver cómo el plan de protección que armamos para mantener a Isabel a salvo en el apartamento está destrozando la estabilidad emocional de este niño me hace odiar más que nunca la puta estrategia. Odio el engaño, odio tener que fingir ante el mundo que ella me dejó, pero sobre todo, odio ver el daño colateral en la mirada de mi hijo.
—No, Samuel. Escúchame bien —le digo, tomándolo