201. El anzuelo
Dante
Tengo el teléfono celular entre los dedos, apretándolo con una fuerza que hace que los nudillos se me pongan blancos. La adrenalina me corre por las venas como un torrente de agua helada.
Faltan solo unas pocas horas para el gran encuentro en la bodega y el tablero está listo. Cada pieza debe moverse con una precisión quirúrgica si queremos que este maldito plan funcione. Respiro hondo, obligándome a relajar las facciones antes de marcar el número.
Tengo que ser el mejor maldito a