Dante
El papel se siente frío entre mis dedos, pero la tinta quema.
Quema como el mismísimo azufre. Mis ojos repasan una y otra vez los códigos de operación, los sellos oficiales alterados y los desgloses de cuentas bancarias en paraísos fiscales. Sabía que Ramírez era un maldito traidor.
Lo sabía en las entrañas desde el día en que todo se fue al infierno en la frontera, pero tener las pruebas físicas aquí, sobre el escritorio de metal de una oficina de la Fiscalía, es una historia completam