156. El rugido de la bestia
Dante
Salimos de la mansión bajo un cielo gris que amenaza con desatar una tormenta sobre Nueva York. El trayecto en la camioneta blindada se realiza en un silencio tenso, solo roto por las comunicaciones de radio de Mateo, que va en el vehículo de escolta abriendo paso.
Alexis mira por la ventana con la mandíbula rígida, y yo mantengo la mano apoyada en la culata de mi arma, repasando mentalmente los puntos ciegos del sector de la Fiscalía al que nos dirigimos. No me fío de nadie. Ni de los e