14. Voy a darles un infierno
Dante
—No puedo... —solloza, y una lámarima caliente cae sobre mi pulgar—. No puedo más, Dante. Esto no es vida. Es una espera. Estoy esperando mi turno para morir.
—Nadie va a tocarte —digo, y mi voz suena como un gruñido bajo, una promesa que le hago tanto a ella como a mis propios demonios—. Ramírez es un hombre, no un dios. Y yo sé cómo matar hombres.
—Él es el sistema, Dante. Él es la ley. Tú solo eres... un soldado.
—Soy el soldado que sobrevivió cuando todos los demás murieron —la obligo