81. Perfecta
Dante
El beso no es una caricia; es un reclamo. Mis labios se estrellan contra los suyos con la fuerza de quien ha pasado años en el desierto y finalmente encuentra un oasis. Mis manos, todavía con rastros de la sangre de otro hombre, sostienen su rostro como si fuera la reliquia más preciada del mundo.
La contradicción me quema por dentro: soy el diablo profanando un ángel, y sin embargo, ella me está sujetando con una fuerza que me dice que no piensa dejarme caer.
La empujo suavemente hacia