126. ¿Por qué haces esto?
Dante
Cecilia da tres pasos firmes hacia mí, sin importarle que yo parezca un animal salvaje a medio controlar, sin importarle la sangre que me gotea de las manos. Su mirada está cargada de un reproche que me cala hasta los huesos.
—Eso mismo vine a preguntarte yo a ti, Dante —me dice, con una rabia sorda que rara vez le he escuchado—. ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué la dejaste sola en esa maldita habitación?
Aprieto la quijada con tanta fuerza que siento un dolor agudo en el oído. Doy un paso atr