Capitulo 5

Al ver que ella no respondía de inmediato, prosiguió. Era claro que explicarle esto tomaría tiempo.

— Sé que hemos tenido… dificultades. —Su voz se mantuvo firme, aunque más baja de lo habitual. — Pero no podemos seguir ignorando lo evidente.

Hizo una breve pausa antes de continuar, sintiendo la mirada fulminante de Natasha encima de él.

— Necesitamos un heredero, Natasha. —esta vez no sonó como una petición, sino como una decisión. — Alguien que… mantenga todo en pie, que le dé continuidad a lo que ya existe.

Natasha lo miró en silencio, sus ojos reflejaban extrema cautela y a su vez analizó las palabras de Alexander.

— No, no es eso… —murmuró. — Yo... Yo también he deseado tener una familia, siempre lo he querido… solo que nunca encontré el momento, ni el valor, para decírtelo. —Hizo una pequeña pausa. — Quizás… podríamos intentarlo.

Ante las palabras de Natasha, hubo un silencio que recorría cada rincón de la habitación. Alexander la estudió, esperaba resistencia, discusión, excusas... No esto.

Pero había algo en sus palabras que lo hizo dudar... Su tono de voz, la forma en que evitaba su mirada, la ligera tensión en sus hombros. No podía estar seguro de si hablaba con sinceridad o si había algo más oculto que ni él ni Emma han descubierto.

— ¿Desde hace tanto tiempo... Querías empezar una familia conmigo... Y nunca me lo dijiste?... —dijo Alexander, con el ceño fruncido, con un tono cargado de incredulidad y tensión. — ¿Por qué esperaste hasta este momento, si yo te lo he pedido e insistido durante estos cinco años?...

Natasha ladeo la cabeza con evidente fastidio por este tema, soltando un suspiro corto.

— ¿De verdad vas a empezar con eso ahora?. —exclamó con un tono cortante. — ¿Cinco años? ¡Por favor!, Siempre supe que querías que yo diera el primer paso en esta relación.

— ¡No es justo, Natasha!. —replicó Alexander, al borde de explotar, no podía creer lo doble cara que podía llegar a ser ella. — Por Dios, no es solo "dar el primer paso", es sobre nosotros, sobre lo que somos, sobre nuestra familia, sobre planificación.

— Oh, ¿ahora te preocupas por la planificación?. —interrumpió cruzando los brazos. — Que conveniente... Justo cuando finalmente me animo a hablar, te conviertes en el juez y la víctima al mismo tiempo.

Alexander apretaba los puños al punto que sus nudillos se volvían blancos, la tensión que acumulo a lo largo de años estaba a punto de explotar.

— Esto no es un juego. —dijo mirándola con resentimiento. — No es solo "decirlo y ya"... Hay de por medio expectativas, hay un futuro... Y no puedo simplemente ignorarlo mientras tú actúas como si todo fuera fácil.

Natasha arqueó una ceja, claramente desafiándolo.

— ¿Y qué quieres que haga, Alexander?, ¿vas a hacerme sentir culpable por quererlo también?... —dijo en un tono de sarcasmo. — ¿Acaso no es obvio que he esperado tanto como tu?, Solo que no voy a ponerme a llorar sobre tus cinco años de "espera".

Alexander respiro hondo, tratando de calmar la mezcla de frustración e incredulidad que sentía. Su mirada se endureció, pero la tensión del ambiente seguía ahí.

— Entonces… si realmente quieres esto… vamos a hacerlo bien —dijo finalmente. — Sin más excusas, sin más secretos.

— Si eso es lo que quieres, Alexander... —dijo colocando a un lado el libro que leía y apagando la luz de la mesita de noche de su lado para acomodarse y dormir.

El silencio que siguió no fue cómodo… ni cálido... Esa noche durmieron bajo la misma sábana, en la misma cama... Pero no había calma real. Los gestos de Natasha eran cortantes, su respiración medida, calculada, recordándole a Alexander que había dado un paso, sí, pero no un paso fácil... La presión y la tensión seguían flotando en el aire, como si la tregua fuera solo temporal

A la mañana siguiente, Alexander despertó temprano, no había emoción en su pecho… solo una extraña inquietud que no lograba sacudirse, la discusión de la noche anterior lo había dejado tenso, al mirar a su izquierda, vio que ya Natasha no estaba a su lado, se había levantado primero que él.

Sin darle mucha importancia, se levantó, se duchó, se vistió como de costumbre, luego bajó a la cocina con pocos ánimos y unas ojeras marcadas que delataban la misma rutina de todas las noches.

El aroma del desayuno lo recibió de inmediato, Emma estaba ahí, como siempre, moviéndose con naturalidad, concentrada en cumplir con su tarea diaria.

Por un instante… todo se sintió distinto… Más tranquilo, más sencillo.

— Buenos días, Emma… —dijo con un tono más suave de lo habitual, intentando mantener la compostura. — Huele bien.

Ella levantó la vista y le sonrió.

— Buenos días, señor.

En ese momento, Natasha entró. Como siempre, perfecta, radiante, mientras que Alexander se veía con más ojeras, su mente esta todavía cargada de pensamientos y dudas.

Desvió la mirada casi de inmediato.

— Buenos días, cariño —dijo ella, tomando asiento.

Emma dudó un segundo, era extraño que ella quisiera desayunar, y más un llamarlo “cariño”.

— Disculpen mi atrevimiento pero… ¿prefieren desayunar aquí en la cocina o en el comedor?...

— Aquí está bien. —respondió Natasha con una sonrisa.

Emma asintió y sirvió los platos con cuidado, podía sentir que había algo distinto en el ambiente entre ellos dos… Estaba tenso, aunque ella no lograba descifrar exactamente qué.

Alexander observó a Emma en silencio. Había algo en la forma en la que se movía… algo sencillo, auténtico, que le llamaba la atención. Algo que no necesitaba esfuerzo… Y eso… Le resultaba peligroso.

Se sentó frente a Natasha, pero su atención no estaba completamente ahí.

— Gracias por… aceptar lo de ayer, Natasha. —dijo finalmente, rompiendo el silencio, con una ligera sonrisa.

Extendió la mano, rozando apenas la de ella.

— Es lo correcto. —dijo Natasha, sonriendo con una expresión de aparente satisfacción, aunque Alexander notó el leve filo en su mirada.

Emma, en cambio, bajó la mirada y sirvió lo que faltaba del desayuno a ambos. antes de retirarse, la observó en silencio, notó cómo su atención estaba dividida, cómo Alexander parecía distraído, distante. 

Más tarde, mientras la casa retomaba su rutina habitual, Alexander se perdió en sus pensamientos. Pensaba en todos los pros y contras de tener un “heredero”, en la conversación de anoche, y en cómo todo ahora estaba decidido… pero aún así, no se sentía bien.

Sumido en esas reflexiones, no se percató de que Emma limpiaba cerca hasta que ella lo rozó accidentalmente. Instintivamente, la sostuvo por los hombros con firmeza.

— Cuidado —murmuró con voz baja, cargada de preocupación y algo más íntimo—. No quisiera que te lastimes por mi culpa o mi torpeza.

— ¿Alexander?... —murmuró ella, sorprendida.

Al darse cuenta de lo inapropiado del gesto, la soltó rápidamente y retrocedió.

— Perdóname, no quería asustarte —dijo casi murmurando, era un susurro suave.

Su voz era más baja de lo esperado para Emma, quien se sorprendió. Por un momento, ninguno de los dos se movió, estaban demasiado conscientes de la proximidad del otro.

Alexander sintió un impulso extraño en su interior, un deseo de inclinarse un poco más, de mantenerla cerca, de acercarse más, rozar su mejilla, tal vez besarla… pero se contuvo. Su mente luchaba contra lo que su cuerpo quería hacer, recordando que no podía permitirse cruzar ciertos límites.

— No… no pasa nada —respondió Emma, dando un pequeño paso atrás. — Veo que todo está mejorando… eso es bueno —dijo, aclarándose la garganta, intentando aparentar normalidad.

Alexander asintió.

— Sí… eso parece. —murmuró, aunque no sonaba convencido. Su mirada se quedó en ella un instante más de lo necesario, un reflejo de lo que no quería admitir… Su mente todavía estaba atrapada entre la decisión con Natasha y lo que Emma representaba para él.

—Debería… ver a Natasha —añadió, carraspeando mientras daba un paso atrás. — Debo asegurarme de que todo esté en orden.

Emma asintió con una leve sonrisa, aparentaba que la mirada de Alexander no le había afectado pero su corazón latía muy rápido.

— Claro.

— Gracias otra vez, Emma. Por todo. 

Dicho esto, se dirigió escaleras arriba, pero se detuvo en el umbral para mirarla una última vez.

Al quedarse sola, Emma se quedó pensativa. No podía ignorar la tensión en Alexander, ni la forma en que sus palabras y gestos parecían decir algo que él no estaba listo para admitir.

Emma terminó sus tareas y salió de la mansión, tratando de distraerse y dejar atrás la sensación incómoda que flotaba en el aire.

En la noche, cuando Emma volvió algo tarde a la mansión, notó de inmediato que algo no estaba bien.

Alexander estaba en la sala.

Sentado en el sillón, con una copa de whiskey en la mano, la corbata floja y los primeros botones de la camisa desabotonados. Su postura relajada contrastaba con la expresión en su rostro sorpresa… y algo de vergüenza al verla.

Intentó pasar sin hacer ruido, pero al cruzar frente a él, sus miradas se encontraron.

— Señor, discúlpeme, llegué un poco tarde… No pensaba interrumpirlo… —dijo algo apenada, apartando la mirada. 

— No necesitas disculparte, Emma… respondió con una voz ligeramente baja y áspera por el alcohol. — No es tan tarde...

— ¿Le ayudo en algo?. —pregunto un poco tímida mientras se acercaba un poco hacia el.

— No, no... Es solo que necesitaba un momento para pensar. —dijo mientras él le dio unas palmadas al sillón, invitándola a sentarse a su lado. 

Emma dudo. Era la primera vez que lo veía así... Solo, desordenado, vulnerable... Como si todo el peso que siempre llevaba con tanta firmeza, finalmente estuviera saliendo a la superficie.

— ¿Cómo te fue en tu sesión de estudios?... —pregunto intentando sonar normal.

Emma no respondió de inmediato. El ambiente era extraño, pero a la vez se sentía demasiado cercano.

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