Capitulo 4

Los siguientes días, Alexander se mantuvo distante y preocupado, apenas notaba la presencia de Natasha, y la verdad que Emma le había revelado no dejaba de atormentarlo. Sus interacciones con ella se volvían mucho más frecuentes e intensas, y siempre la buscaba para encontrar consuelo mientras lloraba en silencio en las noches.

Una tarde, cuando la cena había terminado, Emma llevó los platos hasta la cocina. Apenas Alexander vio que su esposa se alejaba hacia otra habitación, sigilosamente se escabulló a la cocina y suavemente tomó a Emma y la movió a un lado.

— E..esto es serio… Emma… Natasha se ve a escondidas con un hombre… y muy frecuentemente. Yo he descubierto mensajes de texto, recibos de hotel… Ya no hay manera de negar lo que es evidente… tenías razón… —dijo en voz baja casi susurrando.

Se alejó un poco de Emma, quien lo observaba un poco preocupada. Llevó su mano a la cabeza y revolvió su cabello con su mano, se veía cansado y perdido. — La confronté y ella simplemente lo negó todo… Claro, ella dijo que era paranoico y que me imaginaba cosas… Típico de ella. —dijo con un sabor amargo en su tono.

— Te dije que no le dijeras nada de esto a ella. —suspiro. — Solo actúa normalmente como eres con ella… Ella dudo que diga algo más de este tema si ya te trato de loco… Simplemente lo evitará.

Alexander asintió aceptando que cometió un pequeño error, pero que lo que le dice es mejor que nada. — Tienes razón… Si, debería fingir que nada paso, que solo son ideas mías… —dijo mientras frotaba con sus dedos su entrecejo.

Alexander está cargando el peso del mundo en sus hombros. Cada palabra que decía ya era de resignación.

— Solo… yo solo… Quisiera saber por qué ella decidió traicionarme de esta manera… ¿Tal vez busco deseo y validación?... O tal vez ella nunca me ha amado después de todos estos años juntos… —su voz se rompía, dejando ver qué esto le estaba afectando y mucho.

Emma no podía decir nada ante lo que veía, le dolía mucho verlo de esta forma.

— Te debo mucho Emma… Mucho es mucho… No se que haría sin ti… —dijo con la voz ya más suave pero se podía sentir el dolor en ella.

— Yo estoy para servir... Gracias por confiar en mí… —dijo asintiendo.

El ofreció una sonrisa, su mirada se posó de nuevo en Emma por un tiempo más largo que el necesario. — se que puedo contar contigo…

Después de limpiarse las ligeras lágrimas que cayeron de sus ojos, los dos se quedaron en silencio. Alexander aclaró su garganta con un vaso de agua que Emma le dio.

— Volvamos a pretender que… pues… Nada ha pasado… Que todo está bien.

— Si… Bueno, Natasha me debe estar esperando para que le ayude o algo por él esto… Es mejor no hacerla esperar… —dicho esto él se retiró a su estudio, caminando ya sin fuerzas, para continuar con lo que le había pedido Natasha antes de que ella saliera corriendo hace unas horas.

Horas más tarde, después del almuerzo, Alexander volvió a la cocina, apenas abrió la puerta, Emma rápidamente se le acercó.

— Oh, se me olvido mencionar algo… Su madre llamó ayer, ella quiere hablar con usted, ella… se preguntaba cuándo… Tendrás un heredero, ella dice que… bueno, es importante para usted y es algo que no puede omitir por siempre... —Asintió mientras lo miraba y murmuraba un poco lo que decía, sabe que estos temas no le gustan del todo a Alexander.

Alexander se detuvo en seco, su cuerpo se empezó a tensar al escuchar lo de la llamada de su madre. Lentamente giró para ver a Emma, con una mezcla de emociones cruzando su rostro, frustración, resignación y un destello que casi parecía pánico. “¿cómo se supone le daré un hijo a una mujer que me engaña... Pero es que tampoco puedo negarme, esa no es una opción en estos momentos ...”, pensó para sí mismo.

— ¿Mi madre llamó por eso? —Se pasó una mano por la cara. — Claro que sí… Siempre insistiendo, siempre esperando más de mí… Un heredero...

Comenzó a caminar de un lado a otro, agitado.

— Como si no importara que Natasha y yo… —Se detuvo, lanzándole una mirada cautelosa. — Bueno, da igual. —dijo, su mandíbula se apretó, se tensó mucho. — Tendré que devolverle la llamada, darle alguna respuesta vaga… pero aún así...

— Intente hablar más con Natasha al respecto de este tema, señor. —sugirió Emma con una sonrisa. — Tal vez ella sí quiera tener uno, puede que sea algo tímida, o tal vez siente que no es el momento, siento yo… Y si necesitas recomendaciones de qué regalarle o cómo tratar de acercarse a ella sin que sea un león… con gusto le ayudo, pues su prioridad en estos momentos ya no es hacer que la empresa que usted maneja suba de nivel, si no... tener un heredero.

Alexander la miró, sorprendido y agradecido por la propuesta sonrió. No era algo que esperaba de Emma, por lo general solo se limita a hablar con él.

— ¿Hablar con Natasha sobre… Este tema? —dijo, unos segundos después se quedó callado un momento, meditando un poco la idea de tener un bebé que sea un heredero, de formar una familia con ella.

— Claro señor. —dijo asintiendo.

— Yo…No lo había considerado desde ese ángulo… Es arriesgado, considerando cómo están las cosas ahora… Pero evitarlo solo va a empeorar todo. —dijo desviando la mirada.

Sus ojos se encontraron con los de Emma, una chispa de esperanza brillaba entre la tormenta interna y sus pensamientos.

— Tu oferta de ayudarme con recomendaciones es muy amable, Emma... Esto demuestra lo considerada que eres conmigo. — dijo mientras dio un paso al frente y apoyó una mano en su hombro, el contacto duró un segundo más de lo que sería estrictamente amistoso.

— Es solamente mi trabajo… Es mi deber. —exclamó nerviosa.

— No sé qué haría sin tu apoyo. Tienes una manera especial de ir directo al corazón de las personas... Como el mío. —dijo sonriéndole.

— N… No te preocupes, siempre ayudaré en lo que pueda. —respondió Emma con una sonrisa antes de dirigirse a otra habitación.

Cuando Emma salió de la habitación, Alexander se quedó solo con sus pensamientos, las palabras de ella no dejaban de resonar en su mente.

La posibilidad de hablar con Natasha sobre tener un heredero no le traía paz, está idea le traía peso, pero también... Una salida, por qué, si llegaba a cumplir con tener un heredero... Al menos por un tiempo, todo dejaría de desmoronarse y podría seguir todo con naturalidad, aunque eso significa atarse aún más a una mentira que ya no podía sostener. Pero sabe y entiende que si se niega puede y será un gran problema.

Más tarde esa noche, mientras Natasha se preparaba para dormir, Alexander entró a la habitación que compartía con su esposa, estaba sumamente nervioso. Tomó aire profundamente y se armó de valor acercándose un poco hacia ella.

— Natasha… ¿Puedo hablar contigo de algo?

Ella levantó la vista de su libro, arqueando una ceja.

— Claro, ¿Qué sucede? —Su tono era ligero, pero había un matiz de cautela en su mirada.

Alexander se sentó a su lado en la cama, eligiendo con cuidado sus palabras pues, este tema no es sencillo de dialogar pero al menos debe fingir que le agrada esta idea. — Hay algo que ya no podemos seguir evitando… Mi madre volvió a llamar y no piensa dejar el tema.

— ¿Y por qué de repente quieres hablar de esto ahora?... siempre es lo mismo. —dijo con una voz aunque calmada, el tono era de fastidio, volviendo a la lectura de su libro sin siquiera verlo a los ojos.

Él se estremeció ligeramente ante el tono, pero continuó, decidido, esta vez ya no iba a permitir que se saliera con la suya.

— No es algo que quiera… pero tampoco es algo que pueda seguir posponiendo... —Su voz era firme, aunque se notaba la tensión y el nerviosismo que traía al hablar.

— ... ¿Es en serio?… —murmuró—. Qué conveniente momento para sacar ese tema…

— Han pasado 5 años... —dijo con calma.

— Eso lo sé Alexander, no soy ciega. —exclamó mirándolo directamente a los ojos.

El simplemente suspiro, viéndola directamente a los ojos tal como ella lo hacía siempre.

— Hay cosas que… ya no podemos seguir postergando y Mi madre no va a dejar de insistir… y no es la única…

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