Efraín regresó a la oficina y se dejó caer en su silla, agotado. Cerró los ojos, recargándose en el respaldo. La imagen del rostro pálido de Diana apareció en su mente; se preguntó quién sería capaz de hacerle daño a una mujer tan increíble.
Se masajeó la frente justo cuando sonó su celular. Vio el nombre de Claudia en la pantalla y contestó de inmediato.
—Bueno, Claudia.
—Efraín, ¿estás ocupado? —la voz de ella sonaba agotada.
—¿Pasa algo? —preguntó él, sintiéndose preocupado inmediatamente, a