Bianca se miró en el espejo, analizando su imagen. Llevaba una camisa blanca, un collar largo de cuentas azul cobalto, un pantalón de vestir color café y unos elegantes tacones blancos. Tras unos instantes de inspección, sonrió satisfecha. El conjunto era profesional, pero con un toque de su propio estilo.
—Ya, Bianca, llevas una eternidad frente a ese espejo —dijo Sara con una sonrisa.
Bianca se sonrojó y se dio la vuelta. Sus ojos brillaban de emoción.
—¿Qué te parece, mami? ¿Me veo bien así?