Cuando Rubén regresó a la oficina, se encontró con la irritante imagen de Leo, tan guapo como siempre, riéndose a carcajadas con su secretaria.
Se acercó a ellos y le habló con dureza.
—¿Se puede saber qué haces quitando el tiempo en horas de trabajo?
—¡Vaya, vaya! Pero si es el gran presidente Alarcón. Te extrañé, ¿sabes? Un día sin verte es como una eternidad.
Leo llevaba una camisa de lino color hueso que lo hacía ver aún más atractivo.
—Estábamos hablando de algo divino: el amor. Aunque dud