Bianca salió de la oficina de su hermana con la cabeza hecha un lío. El plan de Efraín era audaz, casi temerario, pero tenía sentido. Si lograban convencer a los accionistas, podrían ganar tiempo, quizás incluso revertir la situación. Pero eso significaba trabajar codo a codo con él. Pasar horas juntos, planeando, discutiendo, negociando. La idea le provocaba un escalofrío, presagiando la marea de emociones que estaría a punto de experimentar. Era absurdo. Él era el hombre que, a la primera señ