Esta vez no se negó. Siguió a Mateo de vuelta a la casa de piedra. Al verlos entrar, Claudia les sonrió y sirvió la comida.
—Debes tener hambre. Prueba los guisos de mi esposo.
—Señor Herrera, siéntese. Esto es una especialidad de aquí: arroz con mole y pollo, y frijoles de la olla. También tenemos tortillas hechas a mano, muy sabrosas —lo invitó Mateo con entusiasmo.
—Y este es mezcal artesanal. Lo hizo él mismo, aunque yo también ayudé un poco. Pruébalo, a ver si le gana al tequila o a esos l