Siguió a Claudia montaña abajo. Ella caminaba con ligereza, bromeando con el guía, que los había esperado en la puerta de la escuela.
—Fray, así como vas, pareces un oso torpe. Igual que yo cuando llegué —dijo ella, volviéndose para burlarse.
Efraín se sintió avergonzado. Intentó imitar su paso ágil, pero una piedra casi lo hace caer. Fue entonces cuando se dio cuenta de que llevaba zapatos de vestir. Sintió un impulso violento de quitárselos y arrojarlos lejos.
—¿Ves aquello? Esa casita de pie