Claudia miró a Efraín, que no había dejado de sonreír desde que se sentaron.
—Y esa sonrisa, ¿qué? Se ve que vienes de muy buen humor. ¿De verdad te pone tan contento invitarme a cenar o hay otra buena noticia que no me has contado?
Efraín negó con la cabeza.
—No, no es por mí. De hecho, la buena noticia es para ti.
—¿Para mí? —preguntó Claudia, extrañada—. ¿Y qué buena noticia podría ser? Porque si te refieres a lo del bebé, eso ya no es novedad.
Efraín sonrió.
—No, no es eso. Ya no le des vue