En un elegante café de la zona dorada, en una mesa junto a la ventana del último piso, un individuo vestido con un uniforme militar verde bebía tranquilamente.
—Viejo amigo, quién diría que nos volveríamos a encontrar —dijo Eduardo, mirando al tipo de camisa de manga corta a rayas que estaba sentado frente a él.
—Tú no cambias nada, ¿eh? —se rio su antiguo compañero—. Hasta te pusiste el uniforme. Te vas a morir de calor.
—Bueno, como venía a verte, ni lo pensé. Siento que solo vistiéndolo pued