Bianca tocó la puerta de Claudia y, al oír una respuesta, entró.
—¿Ya te dormiste?
—No, para nada. Estaba pensando —respondió Claudia, recostada en la cama con una pijama blanca y holgada. Encendió la lámpara de noche—. ¿Qué pasó? ¿Necesitas algo? Pensé que habías salido.
—Sí, acabo de llegar. Los papás de Francisco me invitaron a cenar. Oye, mamá me contó algo... —dijo Bianca con una sonrisa pícara—. Ya no me tienes confianza, ¿o qué? Ahora resulta que te sobran los pretendientes y ya ni me cu