De regreso a las oficinas de Grupo Herrera, Alfredo no pudo contener su curiosidad.
—Oye, Leo, ese Francisco… ¿es…?
—¿Es qué? Alfredo, ¿podrías dejar de ser tan chismoso? —lo cortó Leo con frialdad. Su humor estaba por los suelos, y tener a ese sujeto a su lado había sido una pésima idea.
—Solo me dio curiosidad. La reacción de Francisco cuando escuchó lo de Rubén me pareció muy rara.
—¿Rara? El único raro aquí eres tú. ¿No tienes nada que hacer en tu empresa? Lárgate de mi vista.
—Oye, tranqui