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Ambos finalmente subieron a la habitación, Brenda se quedó perpleja viendo el sitio lleno de lujo, y es que todo era tan elegante allí.

—Es… impresionante —murmuró Brenda, más para sí misma que para Haidar.

Él no respondió. Simplemente dejó su chaqueta sobre una silla y comenzó a desabrocharse los puños de la camisa, como si estuviera completamente ajeno a ella. La mujer, por su parte, se quedó de pie junto a la puerta, sin saber qué hacer.

—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —preguntó Haidar
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