Brenda llegó al piso lujoso, bajando del auto con rapidez. Ni siquiera se despidió de Haidar, y él tampoco hizo ningún intento de detenerla. El rugido del motor fue lo único que le quedó de él al verlo desaparecer rápidamente de su campo de visión. Suspiró, sintiéndose abrumada por la cantidad de emociones que la invadían. Apresuró el paso y, al entrar, se encontró en medio de la sala, tratando de calmar la maraña de pensamientos en su cabeza.
No tuvo mucho tiempo para reflexionar, porque Maril