El gran día había llegado para Brenda, quien se encontraba a horas de dar a luz. Anhelaba conocer a sus trillizos, tenerlos en sus brazos, pero el temor a lo desconocido también la acechaba. Sin experiencia previa, no podía evitar preguntarse cómo sería todo.
Mientras se acomodaba en la cama, un quejido involuntario escapó de sus labios, lo que terminó despertando a Haidar. Él se giró rápidamente hacia ella y, al notar el líquido empapando las sábanas, comprendió que había roto fuente.
—Haidar,