—¿Por que no?… Te puedo ayudar, como si este fuera el único lugar al que podrías ir —bromeó Dylan, aunque su tono era delicado.
—Creo que ya has hecho demasiado por mí. Solucionaré esto por mi cuenta —expresó, intentando sonar firme, aunque su voz temblaba ligeramente.
Dylan la miró con seriedad y negó con la cabeza.
—Estoy seguro de que no tienes idea de lo que vas a hacer en este momento. Así que permite que yo te ayude. Subiré algunas de tus cosas al auto, lo más importante, y todo lo d