Los ministros abrieron las puertas laterales de la Sala del Tiempo, revelando el pasillo que conducía al balcón principal del palacio. Un haz de luz blanca atravesó el umbral, iluminando el mármol pulido y las columnas altas que sostenían la estructura. El sonido de la multitud esperando abajo llegó como un murmullo vibrante que ascendía desde la enorme plaza central.
Horus avanzó con paso firme. Su capa azul oscuro rozó el suelo, y el brillo metálico de su corona reflejó la luz de los cristales suspendidos en el techo. Hespéride caminaba a su lado, sosteniendo la mirada con la compostura innata de quien había gobernado imperios enteros. Asterope se mantenía junto a ella con un porte sorprendentemente maduro. Érika y Crisótemis habían sido entregadas previamente a las doncellas reales, que las cuidaban en un balcón adyacente desde el cual podían ver a sus padres.
Calren Vorast, Altharion Drivest y los altos mandos se detuvieron antes de salir al balcón. La pareja real fue la única en